Cuenta la tradición
que durante la Guerra de la Independencia (1808-1815), cuando las tropas francesas
al mando unas veces del general Ney y otras de Kellerman entraban y salían
de Asturias, Cangas se vio ocupada por una guarnición. Los cangueses
no sabían como librarse de tal opresión y como el francés
gustaba del vino, envenenaron unos cuantos litros y terminaron con la tropa
invasora, ese día se celebraba la festividad de San Roque.
La represión resultó dura y en reconocimiento
a los compatriotas muertos y gratitud al santo, ese día se declaró
festivo, una festividad cívico-religiosa. Olvidado el hecho, los empleados
del Ayuntamiento continuaban teniendo el día libre sin que se supiese
muy bien por qué.
En la Basílica de Santa María Magdalena, en
Cangas del Narcea, una imagen de san Roque añade a los tributos propios
del santo uno que hace referencia a esto: un racimo de uvas en el bastón...
de uvas verdes que en la festividad aún no madura la vid.


