Albarín blanco.
Mencía, no autóctona

          Las variedades consideradas autóctonas son:
                    Albarín blanco
                    Albarín negro
                    Carrasco
                    Negrona
                    Verdejo   
                     Aparte de estas consideradas autóctonas la variedad Mencía también adquiere importancia.         
                    Fuentes utilizadas

  Albarín blanco, excelente calidad:
Brote: densidad media de pelos tumbados, pigmentación autóctona débil o muy débil formando un ribete por el borde de dicha extremidad.
Hoja adulta: limbo pentagonal, seno peciolar poco abierto, con la base en forma de V; senos laterales de profundidad media o nada profundos, con la base en V y a veces en U.
Racimo: Longitud media 11 cm, bayas con forma elíptica, de color verde amarillento, pulpa no coloreada y con sabor a moscatel. La mayoría de las bayas llevan una o dos semillas y el peso medio de éstas es de 0,028 gr.

 Albarín negro: Suárez Cantón decía de ella que daba vinos de buena calidad y que se la conocida también como “pata de perdíz”, describiéndola como tinta, de racimo pequeño y flojo, uva redonda, pequeña, negra y hollejo fino, gusto dulce y agradable, bastante zumo negro, algo rojizo. Comenge (1942), la presentaba como originaria de Cangas del Narcea y la clasificaba siguiendo la nomenclatura de Clemente como: “Sectio III (foliis tomentosis), Clan V (Zurumi), Gens V confertae, Praecox. Marcilla Arrazola (1968) nombraba esta variedad como cultivada en Asturias y según Hidalgo y Candela (1971) ocupaba un 75% de la superficie relativa de la provincia. Uva minoritaria y poco productiva, resulta de grado medio-alto y elevada acidez. Añade color y ciertas notas de fruta dulce.
Brote: Densidad media-alta de pelos tumbados; intensidad de la pigmentación antociánica nula o muy débil, formando un ribete por todo el borde.
Hoja adulta: Limbo pentagonal, cinco lóbulos; seno peciolar con lóbulos abiertos o ligeramente superpuestos, con la base en V; senos laterales abiertos, poco profundos y con la base en V; densidad media de pelos tumbados.
Racimo: la longitud media del racimo es de 9,9 cm, compacidad media; uvas con forma esférica, de color azul-negro, pulpa no colorada y sin ningún sabor particular. La mayoría de la bayas llevan una sola semilla y su peso medio es de 0,0322 gr.                                                              

  Carrasco:
Adela y Saín de Andino (1885), nombra el Carrasco y Carrasquín como variedades Asturianas y les atribuye los sinónimos de Mollar al primero y Tintillo al segundo. Según Suárez-Cantón (1879), carrasco y carrasquín son diferentes; describe el carrasco como “variedad tinta, racimo muy grande y apretado; uva crecida, no enteramente redonda, negra, hollejo duro; mucho zumo tinto rojizo, gusto áspero y de mal dejo; mala maduración” y el carrasquín como “varieda tinta, de racimo mediano; bastante lleno, uva mediana, redonda, negra, hollejo algo recio; gusto algo agrio; zumo tinto y rojizo abundante”. Comenge (1942), la presenta como originaria de Asturias y la incluye siguiendo la clasificación de Clemente, en la Sectio III (foliis tomentosis), vitis orientalis Cem (foliis lobato-palmatis, cinuosis, tomentosis); Clan V (Zurum); Gens V. Confertae; coccifera. Marcilla-Arrazola (1968) nombra al carrasco como una variedad cultivada en Asturias y según Hidalgo y Candela (1971) ocupaba un 5% de la superficie relativa provincial. Carrasquín aporta un grado alcohólico, aunque menor color y acidez que el verdejo negro, su aroma no es muy intenso, tiene un paladar peculiar –algo rústico- y se muestra particularmente apta para la elaboración de rosados.
Brote: Densidad media de pelos tumbados, intensidad débil de la pigmentación antociánica, formando un ribete por todo el borde.
Hoja adulta: Limbo orbicular, cinco lóbulos; seno peciolar con lóbulos superpuestos, con la base en V; senos laterales de profundidad media y base en U; a veces presenta un diente en uno de los senos laterales superiores; densidad media de los pelos tumbados por el envés.
Racimo: Longitud media del racimo es de 10,8 cm, compactos, uva de forma esférica, de color azul-negro, pulpa no coloreada y sin ningún sabor particular. La mayoría de las uvas presentan entre dos y tres semillas, y el peso de éstas es de 0,024 gr.                                                      

Negrona:
Adela y Sáinz de Andino (1855) nombra como cultivada en Asturias una variedad denominada Negrón o Agudillo. De igual manera, Suárez Cantón (1879) descrie una variedad asturiana que denomina Negrón o Agudello, como tinta, de racimo grande, apretado, uva redonda negra, hollejo regular, gusto algo agrio y zumo negro abundante. Marcilla-Arrazola (1867) nombra el Negrón como variedad cultivada en la zona.
Brote
: Densidad media-alta de pelos tumbados, no hay pigmentación antociánica.
Hoja adulta: limbo pentagonal, con tres o cinco lóbulos; seno peciolar abierto, con lóbulos superpuestos y la base en V; a veces lleva un diente en el seno peciolar; senos laterales abiertos, poco profundos y con la base en V, densidad media de pelos tumbados por el envés.
Racimo: La longitud media del racimo es de 8,33 cm de compacidad media, uvas con forma esférica, de color azul-negro y sin ningún sabor particular. La mayoría de las uvas llevan una sola semilla y su peso medio es de 0,0318 gr.                                                                                            

Verdejo, muy buena calidad:
En el siglo XVIII se refería Jovellanos a esta variedad, en sus Diarios, como la mejor, y esa sigue siendo la opinión mayoritaria entre los cosecheros actuales. Suárez Cantón la describió como variedad tinta muy buena, de racimo apretado, uva crecida, prolongada en forma de huevo de pájaro, de color negro violáceo, carnosa, hollejo fino; gusto fresco y agradable, zumo claro de muy poco tinte. Huetz de Lemps (1967) confirmaba más tarde que era una de las variedades más cultivadas en la zona y la de mejor calidad. Según Hidalgo y Candela (1971), ocupaba en 1971 un 10% de la superficie cultivada provincial. En el Catastro Vitivinícola de la provincia de Oviedo (1981), se habla de un "verdejo blanco” del que además se dice que es la variedad más extendida y apreciada en la zona. Este es un tremendo error que debe ser subsanado cuanto antes, pues como se ha explicado anteriormente puede traer graves consecuencias, ya que esta es la variedad que debe se plantada de forma mayoritaria para obtener unos buenos tintos. El verdejo negro aporta grado, color y acidez, cierto carácter de frutas del bosque, especialmente apta para crianzas.
Brote: Densidad media de pelos tumbados y pigmentación antocánica débil, formando un ribete por el borde.
Hoja adulta: Limbo a veces pentagonal y a veces orbicular; con cinco o siete lóbulos; seno peciolar con lóbulos superpuestos y la base en V; senos laterales abiertos, de profundidad media o poco profundos y con la base en V; densidad baja de pelos tumbados por el envés.
Racimo: La longitud del racimo es de 9,4 cm compactos, uvas con forma ligeramente elipsoidal, de color rojo violeta oscuro, pulpa no coloreada y sin ningún sabor particular. La mayoría de las uvas llevan una o dos semillas y el peso de éstas es de 0.0336 gr.                                        

La llamada “mezcla canguesa” se obtiene a base de verdejo negro, carrasquín y albarín negro.

Fuentes:
- MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Mª Carmen y PÉREZ FERNÁNDEZ, José Enrique
(1999): La vid en el occidente del Principado de Asturias. Descripción ampelográfica de las variedades, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid.
- Memoria correspondiente a los años 1997-2001 de la Asociación de Productores y Elaboradores de Vino de Cangas (APROVICAN).
- La Maniega, marzo-abril de 2004.